Un bocado exquisito para maniáticos literarios con buen gusto. [Emilio Sola. El Independiente, 4-XII-89] [Emilio Sola. El Independiente, 4-12-89]
Pianista de café que influiría más con su pincelada impresionista en la música contemporánea que varias escuadras sinfónicas de músicos teutones, Satie dio género al silencio, de la misma forma que Mallarmé hizo literarios los espacios en blanco. En el café donde tocaba Erik Satie se escribía la historia de la vanguardia. Radiguet oficiaba de camarero, Diáguilev, Cocteau y Stravinski se sentaban en la mesa que daba a la calle, Leiris, Bataille y Caillois tenían mesas-pupitre. Cuando Satie terminaba de oficiar, bajaba junto a aquellos faros espirituales y ponía los mejores títulos que se conocen en la música y también se ponía a escribir. Aquí hay fragmentos de memorias, emociones musicales, familiares venganzas, aforismos, puntapiés. Quien mejor define sus sentimientos de artista oriental de café parisino es él mismo cuando dice: «Mi sueño es ser interpretado en cualquier lugar, menos en la Ópera». Alabado sea. [José Carlón. El Mundo, 10-XII-89] [José Carlón. El Mundo, 10-12-89]
Dadaísta avant-la-lettre, puntal de L’Esprit Nouveau, inspirador del grupo musical de los Six, defensor de Schönberg, autor de comentarios musicales para el vanguardista Entr’Acte, del cineasta René Clair, y para el ballet Relâche, de Picabia, nuestro Satie practicó activamente la escritura. Ornella Volta recogió sus textos, y ahora —traducidos y con introducción de Loreto Casado— forman Memorias de un amnésico y otros escritos. que, con amplia nota del musicólogo Llorenç Barber, una página inédita de André Breton y cronología por la propia Ornella Volta, constituye un vivaz volumen. [Juan Ramón Masoliver. La Vanguardia, 29-XII-89] [Juan Ramón Masoliver. La Vanguardia, 29-12-89]
En 1925 muere Erik Satie en medio del mayor descrédito, que se había ganado a pulso por su constante desmantelamiento de los principios más sagrados de la música y del arte en general. Dominado por un profundo afán de búsqueda de la sencillez en todos los campos de la vida, nada escapa a su mirada crítica, comenzando por él mismo y por su obra. La lectura de este libro representa la entrada en un mundo fascinante. No hay que leerlo para intentar explicar y entender a su autor, sino para descubrirnos a través de sus escritos, ya que, a modo de maestro, alumbra con sus palabras zonas todavía oscuras y abre ante nuestros ojos un horizonte infinito. [Carmen Alonso Echanove. Ya, 30-XII-89] [Carmen Alonso Echanove. Ya, 30-12-89]
Erik Satie, que tomó parte activa en las vanguardias del primer cuarto de siglo al lado de pintores como Picasso y Picabia, con los que trabajó en diversos ballets, fue pianista de cafés-concierto durante una época de su vida. En sus 59 años de existencia, buscó siempre con sencillez sonoridades nuevas, a las que dotó de un embrujo y un encanto realmente misteriosos. [Juan Ángel Vela del Campo. El País, 17-I-90] [Juan Ángel Vela del Campo. El País, 7-01-90]
Erik Satie fue un fenómeno absolutamente aparte en la música de su tiempo. Ligado en un momento a las aventuras místicas de Josephin Péladan, practicó luego una música esotérica. Pasó por los cabarets y adoptó su estética corrosiva en canciones y piezas pianísticas. Murió en la pobreza en la que viviera, pero dejando una estela musical inconfundible e incalificable que ha sido reclamada como herencia por los movimientos musicales heterodoxos. [Tomás Marco. Diario 16, 13-I-90] [Tomás Marco. Diario 16, 13-01-90]
Satie, que fue impresionista, surrealista y neoclásico antes que nadie, también ha sido el profeta que anticipa la transformación del mundo del consumo musical, del mundo en que toda música ha devenido mueble, decorado que no se convulsiona, sino que se limita a dar el tono a cada escena de nuestra vida. Satie ha sabido anunciarlo todo, prepararlo todo y encontrarlo todo antes que los demás. [Llorenç Barber. El Mundo, 13-I-90]. [Llorenç Barber. El Mundo, 13-01-90]
Lo cierto es que las nuevas generaciones añoran un nacimiento del siglo que fue brillante, creador y libre. De aquellos revolucionarios seguimos nutriéndonos en secreto, porque son muy alimenticios, y todo el resto de la centuria no ha hecho sino darle vueltas a la música de Satie o el surrealismo de Breton y Magritte. [Francisco Umbral. Interviú, 20-I-90] [Francisco Umbral. Interviú, 20-01-90]
Como tan acertadamente señala Loreto Casado en el prólogo de este libro, lo que no quería Satie era perder de vista la infancia del hombre, la infancia del mundo, o mejor, la infancia del hombre en el mundo. [Enrique Vila-Matas. Diario 16, 25-I-90 [Enrique Vila-Matas. Diario 16, 25-01-90]
Cocteau aseguró que «la mínima pieza de Satie es como un agujero de cerradura. Todo cambia si se acerca a ella el ojo». El personaje más excéntrico, desconcertante e insolente de toda la historia de la música. [Bernardino M. Hernando. Tribuna, 29-I-90] [Bernardino M. Hernando. Tribuna, 29-01-90]
Un libro divertido, refrescante, a veces irreverente, en todo momento lúcido y burlón. Como la música de su autor. [Juan Ángel Vela del Campo. El País Estilo, 11-III-90] [Juan Ángel Vela del Campo. El País Estilo, 11-03-90]
El gran músico que fue Satie, precursor de un futuro que aún no puede prescindir de él (de sus enseñanzas antiacadémicas, de sus múltiples sugerencias estéticas y vitales), dejó, por fortuna para nosotros, un pequeño pero sabroso testimonio escrito de sí mismo que por fin degustamos en castellano gracias a esta cariñosa edición. Pocos músicos ha dado nuestra cultura occidental tan enigmáticos (su enigma está construido a base de claridad, por lo que resulta más inaprensible), tan orgullosamente modestos. Es la oportunidad de que el aficionado beba de las genuinas fuentes el veneno preparado por él mezclando sarcasmo, agresivo desprecio contra los acomodaticios, una punta de original misticismo y algunas lecciones gratuitas de estilo musical y de ética humana. [Isabel Urueña. Scherzo, mayo, 1990] [Isabel Urueña. Scherzo. Scherzo, 1-05-90]
Su independencia y su música le granjearon grandes enemigos, pero contó con la amistad de los mejores: Braque (que ilustró algunas de sus partituras), Picasso (que figurinó y decoró algunos de sus ballets), el propio Stravinski, Juan Gris, Debussy, el pianista Viñes y, antes que ninguno, los pintores españoles Rusiñol, Zuloaga y Ramón Casas. Luego vendrían los dadaístas... Para empezar, recomendaríamos su lectura a todos los que se encuentran en esa edad en la que cabe hablar de una educación sentimental. Nada de grandes frases. Pocas y bien dichas. Satie es siempre un soplo de aire fresco. Sus consejos son siempre valiosos. [Andrés Trapiello. Contemporáneos. Jerez de la Frontera, 1990] [Andrés Trapiello. Contemporáneos, 1-12-90]
Un bocado exquisito para maniáticos literarios con buen gusto. [Emilio Sola. El Independiente, 4-XII-89] [Emilio Sola. El Independiente, 4-12-09]